La antítesis de Marcelo Díaz es lo que conocemos en Sudamérica como el 10 clásico. El 10 clásico tuvo su momento de gloria en la Copa Mundial de México de 1986, cuando Diego Maradona se alzó como campeón del mundo.
En ese equipo detrás de Maradona, había otros "10" argentinos de excepción: Carlos Daniel Tapia que tuvo un corto pero convincente paso por la Universidad de Chile, Ricardo Daniel Bochini, Marcelo Trobianni que todavía es recordado en Calama como parte de Cobreloa y Claudio Daniel Borghi, hoy entrenador de la selección chilena de fútbol.
Otros "10" excepcionales de la época fueron el brasileño Zico o el francés Platini.
El "10" de los años 80 ordenaba y daba el pase preciso; tenía gran pegada y era dueño de todos los lanzamientos de pelota muerta porque la mitad iban adentro; amo y señor del equipo y casi siempre capitán y en algunos casos un malabarista para la platea.
Sin embargo el problema venía cuando al 10 le ponían una marca personal. Si el duelo no lo ganaba el 10, el equipo quedaba ciego. Entonces para ganar, el 10 debía estar en excelente estado físico. Maradona estuvo 10 puntos como dicen los argentinos, en el Mundial de México. En la final se sobrepuso a la marca del alemán Lothar Matthaüs.
Después de 1986 y hasta quizás el mundial de 1998, fue la gran época de los delanteros. Apareció el 9 potente y hábil como: Van Basten, Cantona o Ronaldo.
Con el tiempo fútbol se hizo más físico y los espacios en la cancha se redujeron. El 10 evolucionó en Europa, hasta llegar su máxima expresión en el francés de origen argelino, Zinedine Zidane. Fue un 10 de los antiguos que a sus cualidades excepcionales, le sumó la marca. Si bien ganó el mundial de Francia en 1998, su mejor mundial fue en Alemania 2006, cuando casi sólo llevó a su equipo a disputar la final frente a Italia. Su equipo perdió a penales y él salió expulsado.
Actualmente el máximo exponente del 10, es el último campeón del mundo con España, Andrés Iniesta. Este jugador del Barcelona F.C. no necesita tener demasiado el balón ni hacer malabares con éste. La virtud de Iniesta es la anticipación a la jugada en un libreto que se lo sabe memoria en equipos como Barcelona y la selección española. Messi y Villa lo conocen.
En el caso del Barcelona, Iniesta aporta el pase al vacío, para las diagonales de Messi.
El fútbol chileno ha entregado 10 a cuentagotas. Recordados son Enrique “Cua Cua” Hormazábal y Francisco “Chamaco” Valdés. En los 70 destacó Carlos Reinoso, pero más en México que en Chile. En la década del 80, a recordar Manuel Rojas de Palestino, el brasileño Severino Vasconcelos de paso por varios equipos y Rubén “Nene” Gómez del Cobreloa finalista en las Copa Libertadores 81 y 82 (además del ya mencionado Trobianni). Los años 90 fueron menos generosos con los 10, salvo la aparición fugaz de Marcelo Vega, que nunca logró consolidarse internacionalmente y el intermitente José Luis Sierra. En Chile, los 90 fueron la década de los delanteros Iván Zamorano y Marcelo Salas.
El último 10 a la antigua que ha tenido Chile es Jorge Valdivia. Se trata de un jugador de la escuela de los años 80, maradoniana si se puede decir. Sin embargo por estado físico y hasta lentitud queda obsoleto en la gran competencia. Valdivia funciona en Sudamérica, especialmente en Brasil donde no se marca demasiado o en el fútbol menor del Medio Oriente.
Marcelo Bielsa lo usó poco en el proceso que clasificó a Chile al mundial de Sudáfrica. No calzaba en su juego de dinámica. Valdivia no marca.
Sin embargo Valdivia calza en el anticuado concepto futbolístico que mantiene Claudio Borghi, quien como toda su generación todavía cree en el "10" clásico.
Marcelo Díaz, el jugador de la Universidad de Chile, es quien mejor calza en el concepto de un 10 moderno. En un equipo de dinámica y vértigo como es la Universidad de Chile de Jorge Sampaoli, que ha marcado diferencia con el presente cansino del fútbol sudamericano y chileno, Díaz es quien profundiza jugadas ya estudiadas. Ejemplo de esto: el pase al vacío para la diagonal de Eduardo Vargas en la final de la Copa Sudamericana de la U, ante Liga Deportiva de Ecuador.
En conclusión, el 10 pasó de un jugador que improvisa a uno que estudió la mecánica de su equipo, o sea un jugador táctico más que técnico. Diferencia a la postre clave en el balompié moderno.

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